viernes, 26 de junio de 2026

 El negocio del oro líquido no para de crecer en todo el planeta. A las puertas de dar por concluida la campaña 2025-2026, con las prensas de las almazaras prácticamente paradas, el liderazgo español sigue siendo incontestable: casi el 20% del aceite que se mueve a nivel internacional se moltura en España, según las estimaciones del Consejo Oleícola Internacional. Sin embargo, el escenario internacional empieza a agitarse. Diversos países aceleran el ritmo de sus plantaciones con la mirada puesta en el comercio exterior, dispuestos a arañar cuota de mercado en un sector que se ha vuelto sumamente rentable.

Este año, el rendimiento nacional se ha quedado en el entorno de los 1,3 millones de toneladas, de las cuales unas 387.000 llevan el sello indiscutible del Santo Reino. La cifra se sitúa por debajo de las previsiones que la administración estimó en otoño, firmando un retroceso cercano al 9% respecto al ejercicio anterior. Pese a este bache, la distancia con los perseguidores sigue siendo abismal. El inmediato seguidor en el ranking apenas llega a fabricar una tercera parte del volumen español: Túnez ha escalado hasta las 450.000 toneladas, mientras que la cosecha italiana se ha plantado en las 325.000 toneladas.

Un invierno de temporales

El recorte en los balances españoles se debe, fundamentalmente, al impacto de los sucesivos frentes lluviosos y borrascas que barrieron la península. En la provincia, el temporal ralentizó las cuadrillas en pleno invierno y provocó la caída prematura de gran cantidad de fruto, que terminó perdido en el suelo. Además, el calor atípico que se registró en los meses previos al invierno lastró de forma generalizada el rendimiento graso de la aceituna, haciendo que hicieran falta más kilos de lo habitual para llenar cada depósito.

Pese a todo, el balance final de 1,3 millones de toneladas no se aleja demasiado de lo que viene siendo habitual en la última década, cuya media se sitúa en 1.250.000 toneladas. La realidad es que el olivar tradicional del país vive expuesto a los caprichos del cielo, lo que genera dientes de sierra brutales entre campañas: de rozar el récord de 1,8 millones de toneladas en el curso 2018-2019 se pasó, por culpa de la sequía más severa, a cosechar apenas un tercio de esa cantidad pocos años después. Es esa tremenda inestabilidad la que empuja al sector a reclamar una mayor cobertura de regadío para estabilizar los ingresos.

Situación en el mediterráneo

En el resto del arco mediterráneo la campaña ha dejado mejores sonrisas, a excepción de Turquía. El sector turco, abonado habitualmente a los puestos de cabeza, ha pinchado este año con 290.000 toneladas debido a un año de descarga (vecería) y peores rendimientos, tras haber firmado un ciclo previo histórico donde llegaron a superar las 500.000 toneladas.

La cruz de la moneda la representa Túnez, que se consolida como la gran sorpresa de la temporada al incrementar su producción por encima del 32% y fijar un listón de 450.000 toneladas, un registro que pulveriza sus medias históricas. Italia también saca pecho con 325.000 toneladas, mejorando sus registros habituales de la década gracias a una buena sanidad del fruto, aunque su ritmo de crecimiento es bastante más pausado que el tunecino.





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